jueves, noviembre 17, 2005

Todos los días te presentas


Como las treinta veces ya llamadas,
llegaste en un soplo altanero,
siempre tibia,
perenne y descarnada,
arrebatando ilusiones,
confrontando instituciones y emociones,
mascando el tiempo,
con la indiferencia,
calcada de la soledad.


La vejez es un chiste,
una vana excusa,
el pretexto rastreo,
la humillación a tu arte,
te despedazan y te hacen a un lado,
marginando el desarrollo,
que has implementado,
desde que te tienes conocimiento.

Al acecho,
no eres burlona,
menos sarcástica,
la llamada inicial,
a la bondad de todo hombre,
y tristemente solo,
unos pocos te recuerdan,
unos más se resignan,
mientras el resto te odia,
por habernos dado,
un suspiro de humanidad.

martes, noviembre 08, 2005

y me pregunto por ti

¿Qué hacías,
hoy,
bajo un sol displicente,
bajo la indiferencia altiva,
con tus pies descalzos,
aceptando las laceraciones
y dolores a tus llagas,
con tranquila sumisión,
con cansada desesperación?

¿Bajo que pretexto,
inútil e insatisfecho,
caminas,
con pantalones carcomidos,
por el paso,
rasgado e indiferente del tiempo,
acoplándote a las sutilezas,
de unos que,
te perciben solo…nunca?

¿Por qué te arrodillaste,
inclinándote ante la paradoja,
la sensible discusión,
de los altos rascacielos,
y mostraste,
una testaruda calma,
al inclinar tu cabeza,
y con frente asoleada,
reverenciaste tu imposible,
pero cierta vida?

¿Cuánto tiempo,
meditaste,
con los ojos ya no preparados,
para llorar por la rabia e impotencia,
que debías, sí, debías,
para inclinarte ente ellos,
en la acera traidora,
para beber el desecho,
de esos que te olvidan?

¿Te dejaré de ver,
me dejarás de acosar,
con tu imagen punzante,
en los recodos del día,
en las siluetas de la noche?

Espero que no.

jueves, noviembre 03, 2005

¿Por qué te arrancaron? (sin respuesta)

Bajo estrepitosas señales de angustia,
cae el lápiz,
dejando en el papel,
medio blanco,
medio rastros.

La simpleza siempre aleatoria,
del otoño a invierno
se plasmó durante el paso,
lento y cansado del viento,
aunque tal vez, no debía.

Es ahora otro,
con la llama del pensamiento sereno,
quien rellena los medios blancos,
dejados porque te arrancaron,
sin dejarte conciencia alguna.

Se vuelve a lluvia el papel,
se llena ya,
de rostros forasteros,
de aquellos que debieron,
ser lo que no son.